Ruta del Queso de Cabra. Denominación de Origen Queso de Los Ibores

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Las sierras bajas suelen ser el hábitat natural de las cabras autóctonas retintas y veratas, en donde aprovechan los pastizales espontáneos y el monte bajo. Las cabras se crían principalmente para el aprovechamiento de su producción lechera y esa leche, densa y floral, se transforma en distintos y espléndidos quesos. En Extremadura se pueden distinguir varios tipos de quesos de cabra, cuyas diferencias vienen marcadas por su carácter artesanal, lo que define sus texturas, aromas y sabores.

El queso de cabra suele ser compacto, sin ojos en su interior y su color va del blanco al hueso. Se elaboran con leche de cabra recién ordeñada y con el cuajo animal, obtenido normalmente de los cuajares de los propios cabritos. Son quesos austeros y francos, fruto de una economía pobre y a veces marginal y conservan toda la espontaneidad de la flora silvestre y del aire libre.

De todos los quesos extremeños de cabra los más reconocidos son los de la Sierra de los Ibores, protegidos hoy por una Denominación de calidad que garantiza su fiabilidad y comercialización. El queso de cabra se ha incorporado a la cocina extremeña, conjugándolo en numerosas recetas tanto de ensaladas como de acompañamiento de nuestras carnes de la dehesa.

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Su ruta gastronómica está muy influenciada por la cocina del Monasterio de Guadalupe, cuyos fogones representaron toda una filosofía en la forma de comer y cocinar de los siglos XV y XVI, que tendrá luego una repercusión importantísima en la cocina de creación. Siendo una cocina culta, para reyes, señores y priores, supo saltar el dintel del Monasterio y llegar a los fogones populares. Aún hoy el Monasterio posee una hospedería de excelente altura culinaria, en cuyos comedores se pueden disfrutar recetas ancestrales de la cocina conventual, como el ajo de bacalao, la tortilla cartujana, las pitorras al estilo de Guadalupe o las roscas de muégano.

Descripción del Itinerario

Comenzamos este itinerario en la localidad de Trujillo, famoso por sus numerosas iglesias, conventos y por la Semana Santa trujillana. Pero sin olvidar que aquí nacieron Francisco Pizarro, conquistador de Perú, y Francisco de Orellana, descubridor del Río Amazonas; que dejaron su huella en forma de palacios y casas señoriales. Desde Trujillo pasamos a la localidad de Guadalupe, reconocida por su Monasterio, declarado Monumento Nacional Histórico Artístico y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Real Monasterio es de estilo gótico mudéjar con una iglesia del s. XV, en la cual se venera en un hermoso Camarín la imagen de la Virgen de Guadalupe, destacando, entre otras dependencias, la sacristía del s. XVII con obras del pintor extremeño Zurbarán. La visita al Monasterio se complementa con otras a los diversos museos que se erigen en torno a su bello claustro mudéjar, en el centro del cual se levanta un impresionante templete de este mismo estilo.

Desde la Villa de Guadalupe nos vamos a pleno corazón de los Ibores, a la localidad de Navalvillar de Ibor ubicada en un de las laderas de la sierra de las Villuercas y situada sobre el mismo río Ibor, Navalvillar tiene fama en la comarca por sus deliciosos quesos y sus bellos bordados. Después de degustar los famosos quesos de los Ibores en esta bella localidad nos trasladamos a la población de Castañar de Ibor, donde visitaremos su famosa cueva declarada Monumento Natural, y que ofrece al visitante la posibilidad de conocer más detalles de la misma en su Centro de Interpretación. Sus estalactitas y estalagmitas de gran belleza se observan en las diversas salas o cámaras que se encuentran a lo largo de unos 2.300 m.

Desde Castañar de Ibor pasamos a la localidad de Fresnedoso de Ibor. Enclavada en un pequeño valle y rodeado de sierra, esta población cercana al río Ibor y famosa por sus bordados, tiene como edificio histórico más importante su iglesia parroquial de San Antonio Abad de los siglos XV y XVI, con algunos elementos en estilo gótico. Desde Fresnedoso de Ibor pasamos a la localidad de Bohonal de Ibor, en cuya plaza mayor se observan unos bellos soportales construidos con ladrillo y arcos de medio punto, con clara influencia mudéjar. Cercano a esta población podemos admirar los restos de un templo romano perteneciente a la antigua Augustóbriga, que fueron trasladados a este lugar para salvarlo de las aguas del pantano de Valdecañas en 1960 y que inundó su emplazamiento primitivo.

 

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