Los Cuencos con Girnaldas del Tesoro de Villena y la Cultura de Cogotas I

Hoy vamos a hablar de cuatro de los cuencos que forman parte del Tesoro de Villena. Recordemos, para aquel lector que desconoce todavía este gran tesoro de la Edad del Bronce, que está formado por once cuencos de oro, cinco botellas —dos en oro y tres de plata—, veintiocho brazaletes de oro, y uno de hierro, además de unas pequeñas piezas indeterminadas. Pero hoy nos detendremos en los cuencos.

Los cuencos de Villena tienen diferentes tamaños y decoraciones, aunque hay dos juegos de cuatro piezas cada uno de ellos, que comparten la misma ornamentación (uno adornado con guirnaldas y otro con motivos geométricos). Diez de ellos llevan el borde exvasado (hacia afuera, lo que permitiría beber con facilidad en ellos).

Hoy nos vamos a fijar en los cuatro cuencos adornados con guirnaldas.

La cultura de Cogotas I se desarrolló en la Edad del Bronce Medio-Final (entre 1500-1000 a.C.) en el interior de la Península. Hoy abarcaría gran parte de las comunidades de Castilla-León, Castilla- La Mancha y Extremadura,  aunque su influencia llegó a tierras andaluzas por el sur, al valle del Ebro por el norte y a las tierras fronterizas valencianas. Cogotas I se caracteriza por sus cerámicas decoradas, excisas y con técnica de Boquique (consistía en realizar incisiones repetidas sobre la superficie del recipiente con un rítmico “punto, raya, punto, raya”, y el hueco de dicha incisión se rellenaba con pasta blanca, lo que hacía resaltar la decoración, puesto que estas cerámicas solían ser de color oscuro). Pues bien: una de las decoraciones más repetida en las cerámicas de Cogotas I es la de guirnaldas, la misma decoración que presentan cuatro de los cuencos de oro del Tesoro de Villena. Por esta cuestión, es razonable que los cuencos del Tesoro se adornaron “a la moda” de aquel momento en el interior peninsular, moda que posiblemente llegara hasta aquí de la mano de los pastores que se movían por amplios territorios con sus rebaños, aunque hay investigadores que dudan del fenómeno trashumante como motivo de la dispersión geográfica de estos cuencos decorados. Cuencos tipo Cogotas Ide cerámica, con técnica de Boquique  y con incrustaciones de pasta blanca, se han hallado en muchos yacimientos del interior peninsular.

Testimonios mudos de un tiempo que pasó, estos cuencos serían los contenedores de comidas o bebidas especiales en torno a unos comensales que firmaban pactos, alianzas o tratos. No es difícil imaginar y llevar a la ficción una de esas reuniones entre hombres de las élites, como así se manifiesta en La premonición de Safeyce, que os invito a leer. En ella podréis ver en un contexto, posiblemente similar al real, los cuencos de cerámica tipo Cogotas y un jefe ambicioso, y tan poderoso, que se permite el capricho de estos objetos en oro. Aquí muestro un pequeño fragmento de la novela, donde un pastor entrega un cuenco, con decoración de guirnaldas, al jefe del poblado:

“Cuando las aves migratorias comenzaban a llegar, Japtún y Acán sabían que los hombres del territorio interior dejarían de acudir a abrevar a sus ovejas, pues la llegada del buen tiempo los encaminaba de nuevo a sus cabañas del norte, donde las nieves y los hielos descendían de volumen hasta desaparecer cerca del verano. Pero mientras permanecía el invierno, los pastores necesitaban grandes cantidades de sal para sus reses y sabían que, en aquel emplazamiento, el jefe de Beyaz Dünya les ofrecía lo que ellos solicitaban. Los hombres de Japtún se encargaban de llevar a los rebaños hasta las majadas acondicionadas para ellos. A cambio de la sal, el agua y la estabulación de sus ganados, los forasteros entregaban alguno de sus bienes.

— Gran jefe de Beyaz Dünya —dijo uno de los ovejeros con respeto—. Te entrego, por tus atenciones con mis animales, este cuenco que considero la mejor de mis posesiones. 

— Está bien, pastor —respondió Japtún observando el objeto que se le ofrecía. 

El hombre lo limpió con la manga de su túnica para después entregárselo, obrando, al tiempo, una reverencia de respeto. Japtún lo cogió entre sus manos y observó su preciosa decoración rodeándolo por completo. El trazo inciso del adorno no era continuo, sino que marcaba un curioso y rítmico punto, raya, punto, raya. Parecía que las guirnaldas y las franjas que recorrían el cuenco imitaban la costura sobre una tela. Japtún pasó los dedos sobre los motivos decorados y observó la pasta blanca con la que habían rellenado el hueco producido por la incisión.

— Siempre me gustaron las vasijas de los pueblos del interior, pero esta es excepcional.
Se la entregó a uno de sus hombres y formó parte, desde ese momento, de sus pertenencias más queridas. Así fue como los recipientes con festones se convirtieron en objetos muy codiciados. Las mujeres recogían la arcilla, modelaban los cacharros y los cocían en los hornos. No tardaron mucho en hacerse expertas en su imitación.”

(La premonición de Safeyce, pág. 93)

La foto de la vasija oscura que adjunto con estas líneas representa un cuenco tipo Cogotas expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Os recomiendo la descripción técnica de los cuencos del Tesoro, puesto que yo solo he planteado un esbozo de lo que son en realidad. Aquí tenéis el documento escrito por don José María Soler y de fácil acceso en internet: “El tesoro de Villena: memoria redactada por José María Soler García”. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

Fuente| María Rosario Mondéjar, colaboradora de Arqueogestión: Arqueología y Gestión Turística y Autora de la Novela histórica La premonición de Safeyce

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