La cerca murada ha constituido un elemento un elemento morfológico y sígnico que denotaba antigüedad, urbanismo y función defensiva de cualquier ciudad. Boxoyo es plenamente consciente del cambio morfológico que se estaba produciendo en Cáceres durante el siglo XVIII mediante el progresivo aumento de las construcciones fuera del recinto murado. En realidad se trataba de un proceso iniciado siglos atrás, cuando se produce un salto cualitativo y cuantitativo de un sistema urbano cerrado a un sistema abierto. Pero es justamente en su tiempo cuando se permite el derribo de las murallas que desde hacía siglos ni servían ni protegían de nada.

Los muros, según los crono-tipología que creó Ulloa Golfín, estaban realizados de cantería los de época romana; de mampostería los de época visigoda y de tapial, los musulmanes. Se trata de una síntesis excesivamente simplista, pero síntoma evidente de las observaciones que el autor realizó sobre la muralla de la villa, aparte de asumir lo dicho por Ulloa. Por otra parte constata la aparición de materiales reaprovechados, un hecho frecuente desde los amurallamientos de las ciudades en el siglo IV d.C. Por tanto, es habitual el hallazgo de inscripciones, y precisamente dos de ellas serán fundamentales para resolver la ecuación Norba = Cáceres.  De la primera pudo ser testigo presencial el mismo Boxoyo y el hallazgo queda reflejado en su manuscrito. Aunque en la actualidad desconozcamos su paradero, constituye una de las pruebas más sólidas para la solución de la primitiva denominación de Cáceres: la inscripción de la puerta de Mérida, en el corral de la casa de Pablo Monroy, a quien ya le había concedido el Ayuntamiento una torre de la muralla junto a dicha puerta, en 1751, el mismo año en el que se permitió la demolición de la cerca. La segunda inscripción aparece en el año 1931 y se halla en el Ayuntamiento y, como indica Floriano, confirmaba definitivamente la teoría de Boxoyo. Finalmente, durante las obras de remodelación de la Casa de los Toledo-Moctezuma, en la zona más próxima a la muralla y en el basamento de una de las torres de planta cuadrada se reaprovechó una inscripción honorífica o monumental, al menos en dos sillares dispuestos de forma encontrada.

No obstante, la muralla de Cáceres ofrece problemas cronológicos, al menos en las fases iniciales. En algunos autores se han querido ver fases prerromanas, concretamente en la torre del Postigo, lo mismo que el hallazgo de sillares de factura romana no implica necesariamente esa cronología para toda la muralla. Sillares de ese tipo aparecen diseminados y a diferentes alturas del muro, lo mismo que materiales arquitectónicos reaprovechados que fueron de edificios romanos.

Otra cuestión es la disposición de las torres, adosadas a los muros y escasamente sobresalientes, que poseen similitudes tipológicas con otras romanas, porque la tipología de torres albarranas o en ángulo difícilmente pueden considerarse de tal época, sino posteriores. Convendría pensar que la construcción de las murallas defensivas de Cáceres procediese de épocas de conflictos bélicos generalizados y que afectaron a esta zona de Lusitania, hacia el siglo VI, durante los enfrentamientos de Leovigildo con algunas de sus ciudades y otras de la Baetica.

Tal vez ese mismo basamento fue el aprovechado durante la fase de dominio almohade en el siglo XII, para la fortificación con defensas ejecutadas de modo rápido a partir de los materiales locales de fácil adquisición y transporte de corta distancia: tierra y cal. Así se alzaron todas las torres y las tapias que las unen, mediante un mortero de difícil destrucción. Fueron realizadas mediante sucesivas tongadas y rematadas con un enlucido y un encintado entre ellas, perdido en algunas zonas, pero presentes en otras. Boxoyo se hace eco de la torre situada cerca de la puerta del río, debajo de la casa de los aljibes, la situada junto al Arco del Cristo o Puerta del Río, como él la llama, y también de la fuente. La muralla denota aún reformas en la época posterior a la conquista cristiana, manifestadas por una inferior calidad del tapial, con ausencia de material calcáreo que actúe como fundente. No es extraño que se produjeran sucesivas obras de mantenimiento tras la conquista cristiana del siglo XIII. A este aspecto añadiremos que el fuero imponía trabajos de reparación como pena.

Las reformas efectuadas tras la conquista debieron ser escasas. La construcción de viviendas adosadas tanto al interior como al exterior, fue paralela a la progresiva reducción de la función militar de la villa, que se rebela mediante la creación de un cinturón de calles dispuestas de modo envolvente. En algunos casos la muralla forma parte consustancial de esas viviendas, de modo que ofrece la sensación de que la muralla no existe cuando éstas están en algunos casos excavadas en ella y Boxoyo conocía perfectamente ese problema, porque vivía en una de esas casas.

El derribo de las puertas de Mérida y de Coria (ésta en el siglo XIX) constituye una muestra de la falta de interés en la conservación de este elemento urbano por excelencia. Estos derribos tienen una especial significación de apertura a las nuevas áreas urbanas surgidas en torno a ella. Mientras se derribaban unas puertas, la Nueva, convertida ahora en el Arco de la Estrella, se reforma y amplía en 1726, con la intención de dotarla de un acceso más amplio para el tránsito de carruajes, pero sobre todo por la necesidad de una mayor apertura hacia la Plaza Mayor, espacio que había asumido desde hacía más de dos siglos las funciones cívicas y mercantiles desarrolladas inicialmente en el interior. Boxoyo no llegó a conocer el cuadro que el obispo Sancho de Velunza encargó a un pintor de Villanueva de la Serena y que colocó en la hornacina de la cara interior de la puerta antes de instalarse la escultura, en piedra de Villamayor, de la Virgen de la Estrella encargada por el Conde de la Enjarada.

En las adiciones a la epigrafía señala que en septiembre de 1796 se sigue derribando la muralla, de la que ya se había obtenido otra inscripción en 1794, que se puso en Fuente Rocha. Pero ese derribo no fue el único al que tuvo que asistir Boxoyo, sino que desde 1751 quedaron pocas zonas de la muralla que no se vieran afectadas por las modificaciones, como consecuencia de peticiones solicitadas y permitidas siempre por el Ayuntamiento.

En la actualidad la zona en la que se halla el Yacimiento Arqueológico se halla protegida por la Ley de Patrimonio Histórico, y en particular por el Capítulo 7.2., de Protección del Patrimonio Arqueológico donde se especifica dentro del artículo 7.2.1 las zonas de servidumbre arqueológica. Este yacimiento se encuentra registrado dentro del listado nº 1 que contiene elementos inventariados según diversas fuentes y cuya localización geográfica es ya conocida.

Restos de la Muralla Romana en la Plaza del Socorro (ETRS89 29N 726239/4372826)

 

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