Cuando hablamos de dólmenes automáticamente asociamos este término a Megalitismo, pero ¿Qué es el Megalitismo? Entendemos este como un fenómeno cultural que se inicia a finales del Neolítico, pero que seguirá produciéndose durante el Calcolítico y llegará hasta la Edad del Bronce.  En este amplio fenómeno cultural incluimos los dólmenes, un tipo de enterramiento construido mediante grandes piedras (Ortostratos), aunque también pudo tener una función territorial, ya que es la primera estructura hecha para perdurar en el tiempo e incluso en algunos se ha percibido que eran lugares donde de vez en cuando se solían realizar rituales funerarios (culto a los ancestros).

A día de hoy, un dolmen se ve muy distinto a como fue en su tiempo, ya que el hecho de construir dólmenes también conllevaba una clara diferenciación social y un complejo proceso de construcción: primero se extraían las piedras con sencillos métodos en afloramientos graníticos o pizarrosos en alternancia de frío y calor; para que las grietas de la roca se abrieran y para dirigir la fractura se colocaban cuñas de madera, y posteriormente las rocas se trasladaban mediante rodillos tirados por hombres, la mayoría de las canteras estaba cerca pero a veces estaban un poco lejos; una vez trasladado, debía ya estar hecho el agujero en el suelo donde se colocaba el Ortostrato tirándolo al mismo junto con otras piedras para fijarlo al suelo, y por último se colocaba la roca encima que hacía de tapadera. Además, toda la estructura del dolmen se encontraba envuelta en un túmulo formando una gran colina artificial.

Los dólmenes son enterramientos colectivos que oscilan entre los diez y los trescientos individuos en los más grandes; estos son poco habituales ya que se trata de enterramientos de clanes donde no hay exclusión ni por edad ni por sexo. Es por tanto evidente que no todos los dólmenes son iguales (Ortostratos aparecen decorados con formas geométricas y grabados abstractos), solían ser diferentes dependiendo del lugar donde se encontrasen, tanto en su tamaño como en los distintos ajuares funerarios (objetos que se colocaban para acompañar al difunto en su tránsito) interpretándose esto como claras diferencias sociales.

Extremadura es una tierra donde abundan los restos dolménicos. Evidentemente, en el IV y III milenios antes de nuestra era no había fronteras, ni rayas, ni líneas de demarcación, aun así nuestra tierra actuará como territorio fronterizo o transmisor de influencias, en relación con este fenómeno, por sus vinculaciones con el Alentejo portugués, el interior de la Meseta o la Andalucía occidental.

En general, en Extremadura, los dólmenes en sí mismos, hay que decir que se trata de estructuras megalíticas sencillas, con una cámara paracircular de entre  dos y 5 metros de diámetro, un corredor de acceso a la misma de recorrido corto ó largo y una colina artificial llamada túmulo, hecha de piedras sueltas y tierra apisonada, que envolvía la construcción. Estos túmulos en gran parte se han erosionado y solo quedan sus trazas.

Ejemplos de dólmenes existen por toda Extremadura, destacando ejemplos notables como el de Lácara, el más grande y monumental dolmen existente en tierras extremeñas, y declarado Bien de Interés Cultural, aunque también existen concentraciones importantes de dólmenes, que no necrópolis concebidas como espacios solo dedicados a tumbas, en los términos municipales de Valencia de Alcántara, Alcántara, Santiago de Alcántara, Cedillo, Montehermoso, Barcarrota, Salvaleón, Jerez de los Caballeros y Valverde de Leganés, áreas geográficas estas en donde se ha procedido a la consolidación y rehabilitación de diversos sepulcros megalíticos. Pero no faltan en otros muchos puntos, por no decir que están presentes en casi toda la geografía extremeña como aquellos que nosotros en nuestras rutas hemos visitado: Dolmen de la Hijadilla dentro del término municipal de Cáceres y el Dolmen de la Estación de Arroyo a Malpartida de Cáceres y, finalmente el Dolmen de la Luz, dentro de la dehesa boyal de Arroyo de la Luz.

Finalmente destacar que también existe una variedad especial de sepulcro megalítico que recibe el nombre de “tholos”, y que a diferencia de los dólmenes no presenta una cubierta plana en la cámara sino una falsa cúpula como sistema de cierre, también mampuestos a veces en las paredes y en muchas ocasiones corredor muy largo y estrecho. Arquitectónicamente es por tanto más complejo y en estas latitudes geográficas los tholoi parecen más tardíos que los dólmenes. De estos también encontramos ejemplos en Extremadura como por ejemplo el de la Granja del Toriñuelo cerca de Jerez de los Caballeros, que como Lácara es Bien de Interés Cultural, o el desaparecido de Guadalperal, actualmente bajo las aguas del pantano de Valdecañas, de igual manera que el de Huerta Montero en Almendralejo y otros varios.

Fuente| ENRIQUEZ NAVASQUÉS, J.J. “Dólmenes, la huella de la Prehistoria en Extremadura”, en Periodico Hoy.

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