Cuando nos referimos a las Corchuelas hoy vemos un territorio en parte urbanizado, pero no siempre fue así; cuando yo era niño solía pasear con mi abuelo por la zona y las Corchuelas aún conservaban esa esencia agrícola que tuvo desde antaño con su característico olivar en los alrededores de la Casa, hoy profundamente reformada. Por aquel entonces para mí, como niño que era, la casa de las Corchuelas significaba un solitario caserón en medio del campo, pero ya para mí guardaba un halo de misterio y despertaba curiosidad en mí.

Hoy ya como historiador, además del recuerdo de aquellos largos paseos, puedo darle su justo valor patrimonial y decir que aquel “caserón” es una de las casas fuertes  más relevantes de la ciudad datada de inicios del siglo XV, cuando según los datos ofrecidos por el Memorial de Ulloa, Álvaro de Sande se casa con Isabel Álvarez de Saavedra, señora de la dehesa de la Corchuela; y seguramente ya en el siglo XVI, según el profesor Navareño esta casa era de Sancho de Paredes Golfín, lugar donde pasaba largas temporadas. Hoy, al igual que antaño se asienta en una finca de carácter agrícola que alcanza prácticamente las 500 hectáreas, pero propiedad de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán.

Es por tanto normal que encontremos referencias sobre la misma, y sobre el mismo olivar, en 1794 de la mano del Cronista Simón Benito Boxoyo en sus Noticias de la cual dice: “La Casa de campo llamada Corchuela dista media legua de Cáceres; bajo de muro de mucha extensión está un Coto con Real Privilegio; es propio de los Cavalleros Golfines de esta Villa; tiene huerta, olivares, charcas con pesca, conejos, y una hermosa arboleda de Almendros y acebuches; de estos últimos se ingieren todos los años mucho numero de olivos, varios espinos en perales que con un dilatado plantio de buenas parras, será dentro de pocos años una posesión mui útil y deliciosa; tiene una buena casa con capilla publica”.

Basta con leer las palabras del cronista para entender de la importancia de esta casa ya en el siglo XVIII así como de los terrenos que la rodeaban siendo un coto de caza privado para la importante familia cacereña de Los Golfines con importantes explotaciones de olivo, vid y frutales con la casa, la cual, nos habla que por aquel entonces estaba dotada de incluso de capilla la cual se llevó a cabo a comienzos del siglo XVII y en la actualidad se encuentra en deplorable estado de conservación habiendo utilizando los propietarios de la vivienda el espacio eclesial como uso privado, construyendo una chimenea y dedicando la ermita a usos agropecuarios. Se observa aún el suelo original de cantería y los muros de mampostería encalada. La ermita tenía nave única dividida en dos tramos cubiertos con bóvedas de aristas y un arco triunfal separaba la capilla mayor, cubierta con una cúpula sobre pechinas, cuyo habitáculo semicilíndrico se puede observar en el exterior.

El recinto principal de esta edificación de las Corchuelas, correspondiente al siglo XV, consistía en un cuerpo elevado de planta cuadrangular con tres pisos con habitaciones cubiertas con bóvedas de arista, y en lo alto crucería y el cerramiento mediante cuatro aguas. A partir del siglo XVI se llevan a cabo distintas ampliaciones y añadidos, tenemos constancia de la intervención en las obras del cantero Pablo Pérez. Aunque el aspecto definitivo los quiere la edificación en las obras realizadas en el siglo XVIII, según denota la descripción existente en el dintel de la puerta principal: “REPAROSE ESTA CASA. AÑO 1739”. Por tanto, al bloque primitivo correspondiente al siglo XV se han ido añadiendo distintos volúmenes en los siglos siguientes, algunos conservan su datación grabada en los muros.

La casa, según el “Nuevo Libro de Yerbas de Cáceres”, contaba con 34 habitaciones, con una buena dotación de dependencias de labor, entre las que se contaban: un gran corral, tinado para 25 reses, cinco cuadras, dos pajares grandes, una zahúrda para 30 cerdos, la huerta de 4 fanegas con casa, cuadra y pajar, una cerca de olivar, otra cerca de encinas y pasto, pozo con agua abundante y noria, más dos estanques.

No obstante, la historia de Las Corchuelas no queda aquí pues ya durante el siglo XIX será el lugar donde se asentarían, en distintos puntos de la finca, distintas concesiones mineras empezando por la mina de fosfatos la Cacereña (1875) y Santa Teresa (1895), ambas situadas en la zona de la dehesa y la zona del olivar, pero también en la zona conocida como “Cerro de Cabezarrubia” donde se asienta en 1864 la mina Casualidad y un año después, en 1865, la mina Abundancia y Demasía de Casualidad.

Fuente

BENITO BOXOYO, S. “Noticias Históricas de Cáceres y Monumentos de la antigüedad que conserva. Cáceres, 1794” en Noticias Históricas de Cáceres y Monumentos de la antigüedad que conserva, Enrique Cerrillo Martín de Cáceres (ED.). Cáceres, 2009

GARCIA MOYA, F.; JIMENEZ BERROCAL, F. MARTIN BORREGUERO, J.C. “La Vida Minera en Aldea Moret”, Excmo. Ayuntamiento de Cáceres, Cáceres, 2009.

VILLEGAS, A: Nuevo Libro de Yerbas de Cáceres. Cáceres: El Noticiero, 1909, p. 273.

RAMOS RUBIO, J.A., DE SAN MACARIO SÁNCHEZ, O. “Ermitas y Oratorios de Cáceres”.

UTM: ETRS89 29N 724064/4369426

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