Hace como un año, casi por estas fechas de septiembre aprovechando la cercanía de uno de mis trabajos e impulsado por la curiosidad que lleva a un arqueólogo a visitar esta clase de elementos, y por su puesto aprovechando que por dichas fechas el cauce del río Tajo se hallaba casi vacío; nos acercamos a la zona inmediatamente próxima al famoso Puente Romano de Alcántara, el cual por aquel tiempo lucía sus apoyos prácticamente fuera del agua y en todo su esplendor. Por lo tanto, ante dicha visión, no lo pensamos dos veces y bajamos por la escarpada ladera de pizarra, desde la plataforma donde se halla el templete y los aparcamientos con las cadenas, por una senda hasta el mismo cauce del Tajo para llegar bajo el mismo puente.

La visión de estar ahí sobrecoge bastante, la figura del hombre se empequeñece ante tal grandeza de la construcción romana. En el cauce del río, muy por debajo del nivel normal de las aguas se distinguen muy bien multitud de sillares de granito, en condiciones normales sumergidos bajo las aguas del Tajo. El granito no es endémico de la zona pues en el lugar del que hablamos el terreno geológicamente se compone de pizarra, por lo que evidentemente el material de granito fue traído para la construcción de esta maravilla histórica que es el Puente Romano de Alcántara.

La presencia en las cercanías del puente de estos sillares, muy bien cortados, como corresponde al modo constructivo romano, nos habla de las numerosas vicisitudes históricas que a lo largo de su historia ha sufrido esta construcción. Es bien sabido que hacia 1707 durante la Guerra de Sucesión, Alcántara fue un punto fronterizo afectado por las luchas entre España y Portugal, y cuando los portugueses se retiran de la localidad tratan de volar sin éxito el segundo arco de la orilla derecha afectando la explosión a los paramentos del arco, que en parte cayeron. No obstante, aunque esta explosión afecta al puente no fue tan grave como la que sufre ya en 1809 durante la Guerra de Independencia Española cuando se vuela el segundo arco de la orilla derecha para impedir el paso de las tropas napoleónicas.

No obstante, a pesar de los grandes atropellos que durante la historia de España se han llevado a cabo contra esta maravilla constructiva romana, ésta sigue imperecedera resistiendo el paso de los siglos incluso cuando se construye hacia 1964 el Embalse o “Salto” de Alcántara por Hidroeléctrica Española. El puente romano se mantiene imperecedero pero no ocurre lo mismo con los molinos que nosotros visitamos, y que a día de hoy están bajo las aguas del río Tajo.

Cuando se construye esta faraónica estructura Hidroeléctrica no sólo se ven afectados los molinos a los cuales nos referiremos en profundidad sino que también a otras muchas estructuras situadas en otros términos municipales. El embalse ocupó terrenos que pertenecían a los términos municipales de Malpartida de Plasencia, Toril, Serradilla, Casas de Millán, Cañaveral, Portezuelo, Acehúche, Ceclavín, Coria, Portaje, Casillas de Coria, Pescueza, Cachorrilla, Moraleja, Zarza la Mayor, términos situados al norte del río Tajo y los situados al sur, Torrejón el Rubio, Monroy, Talaván, Hinojal, Trujillo, Cáceres, Santiago del Campo, Garrovillas y Alcántara.

Todos los términos municipales mencionados tenían recursos tanto de carácter etnográfico (ya sean molinos o de otras clases) como también de carácter arqueológico que quedarían sumergidos bajo las aguas, y que a día de hoy yacen bajo ellas a excepción de otra maravilla arqueológica de carácter romano, el Puente Romano de Alconétar el cual se hallaba justo en la confluencia del Río Tajo y el Almonte y que fue trasladado piedra a piedra a su actual ubicación. De no haber sido así podría haber corrido la misma suerte que la famosa Torre de Floripes la cual asoma cuando baja el nivel de las aguas o la reciente polémica que suscitó la presencia del Dolmen de Guadalperal que a día de hoy también yace en el fondo del pantano.

Dejando un poco de lado estas cuestiones volvemos a la zona inmediata al Puente Romano de Alcántara y a los molinos que yacen a pocos metros de la base de sus pilares. Como hemos comentado, la roca que predomina en la zona es la pizarra, razón de más por la cual dichos elementos están construidos con mampostería de esta roca. Cuando bajan las aguas se distingue un gran número de ellos, unos mejor conservados en los cuales incluso se pudo entrar en su interior y descubrir sus estancias, y otros que directamente por la acción del agua, siempre corriendo apenas se conservan.

No obstante, la gran presencia de ellos en esta zona nos está hablando de la presencia de actividad “preindustrial” pues es bien sabido que desde la Alta Edad Media, en la mayoría de los ríos españoles existía este tipo de actividad en forma de ferrerías, batanes o como en este caso, en los márgenes del Tajo, molinos hidráulicos harineros; es decir, ligados a la transformación del cereal en harina utilizando el agua derivada desde una represa hasta el molino como fuente de energía hidráulica.

La exploración de estas magníficas estructuras etnográficas en Alcántara nos permitió distinguir en algunos de ellos (los que estaban mejor conservados), y dado el intenso caudal del Tajo, que se trataría de molinos de rueda vertical en los cuales serían utilizadas represas para asegurar un nivel adecuado de agua y a los cuales también nos podríamos referir a ellos como “aceñas” aunque este término también se refiere a la máquina que eleva el agua del río para riego u otros usos.

Estos mecanismos aunque su uso sabemos que se extiende por la Península Ibérica tras la invasión musulmana en el siglo VIII son bastante antiguos; son mecanismos que empezaron a usarse durante el siglo III a.C. en el Próximo Oriente siendo Arquímedes el primero que sugirió la idea de elevar el agua por medio de una rueda movida por la corriente del río. Lucrecio las mencionaba en su obra La Naturaleza en el Siglo II a.C. y Vitrubio también hablaba de ellas en su Libro V de su tratado de Arquitectura allá por el siglo I a.C. No obstante, su origen en la historia es incierto ya que existen muchas teorías acerca de ello apuntando algunas a su origen persa, egipcio incluso o grecolatino. Aunque si bien sabemos es que es perfeccionado por los árabes y llega a la peninsula ibérica en el siglo VIII d.C. con la expansión del imperio mahometano. El desarrollo de la agricultura que se produce a partir de esa fecha queda fosilizado en el paisaje en muchos puntos de España.

Fuente|

GARCÍA ADÁN, J.C. “Las Aceñas del Tajo: Aprovechamientos industriales en el tramo del Embalse de Alcántara” en Archivo Histórico de Iberdrola.

MARTINEZ MAGOÑIL, M.C. “La noria de Sangre en el campo de Cartagena: un nuevo ejemplar próximo al poblado de Marina (Cartagena)” en Sociedad de Estudios Historiográficos y Etnográficos, XVI, 2020.

Galería de Imágenes llevadas a cabo por Arqueogestión

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