De forma general, en la zona de Cáceres siempre se supo aprovechar los escasos recursos hídricos de los que se dispone para poder mantener el suministro de agua tanto para beber como para el lavado de ropas. En la ciudad de Cáceres, la vieja estampa del aguador o de las cacereñas con el cántaro a la cabeza por las calles, se empieza a dar por desaparecida a mediados de los años 50 del siglo XX en que empieza a ser común la instalación de agua corriente en las casas cacereñas. Hasta ese momento los ciudadanos bebieron el agua de las muchas fuentes y pozos que estaban dispersos por las afueras de la ciudad. Sobre todo en torno a la Ribera del Marco, el denominado regato de Aguas Vivas y el arroyo de Los Regajos en la vieja carretera del Casar de Cáceres.

Las fuentes suelen tener su origen en la etapa medieval, otras fueron reconstruidas o levantadas de nuevo durante los siglos XVI y XVII. Las Pragmáticas Reales, así como los Fueros y Ordenanzas Municipales insisten, desde la Edad Media, en el cuidado y mantenimiento de las fuentes, castigándose con graves penas toda acción que pudiera atascar, contaminar o enturbiar sus aguas.

En las fuentes estaba prohibido bañarse, lavar ropas, pescados y otros enseres, limpiar lino o cualquier producto del campo,…etc. Con especial dureza se sancionaba que los ganados, sobre todo los cerdos, bebieran o merodearan en torno a las fuentes. Para ello existían los abrevaderos.

En algunas fuentes, los caños por los que manaba el agua se situaban a considerable altura sobre el pilar central, en un punto de difícil acceso. En tal caso, para tomar el agua se utilizaban largas cañas huecas que se encajaban en el caño por uno de sus extremos, situando el otro sobre la boca de las vasijas. La escena de las mujeres llenando los cántaros de barro de esta manera, con los recipientes alineados en el suelo en torno a la fuente, charlando con las cañas en la mano, en espera de su turno, o trasportando los cántaros llenos sobre su cabeza, apoyados en la rodilla o en el cuadril de la cadera, ha sido una imagen familiar hasta tiempos muy recientes en los pueblos de Extremadura. Pero la evolución urbanística y sociológica de las poblaciones en época actual ha ocasionado la transformación o desaparición de muchas fuentes de gran tradición y significado histórico.

Fuente| MARTÍN BORREGUERO, J.C., JIMÉNEZ BERROCAL, F., y FLORES ALCÁNTARA, A.P. La cacereña ribera del Marco, Cáceres, 2008.

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